Cada semana sale una herramienta de IA nueva para marketing. La mayoría resuelve el mismo problema con distinto nombre. Aquí está lo que de verdad uso, por qué, y lo que he descartado con razones concretas.
El criterio para que algo entre a mi stack
Una herramienta no entra a mi flujo por novedad. Entra si pasa tres filtros:
- Me ahorra más de dos horas por semana en tareas repetitivas
- Produce output que yo firmaría con edición mínima
- No rompe nada si desaparece mañana
Lo que sí uso
Mi herramienta central es Claude, en su modelo más capaz, Opus. No es una de varias: es el orquestador. Con él desarrollo (incluido el sitio donde lees esto), analizo, armo estrategia, audito sitios y trabajo el SEO. Lo que antes repartía entre cinco herramientas, hoy lo resuelvo en una conversación con criterio.
Pero Claude no inventa la data. Las keywords, los volúmenes de búsqueda y los números duros los extraigo de plataformas especializadas de research y analítica, y se los entrego para que los convierta en estrategia y texto. La IA no sustituye la fuente: la interpreta.
Lo que no acumulo
No sumo una herramienta por novedad: profundizo en pocas. Por eso el 70% de lo que pruebo no entra. Con la imagen el criterio es el mismo: no se trata de si una pieza es generada con IA o no (hay contenido 100% IA monetizando muy bien), sino de la dirección que tiene detrás. A Higgsfield lo trabajo con arte propia y criterio, no le pido que decida por mí.
El stack no es lo importante
El error que veo en equipos que están "adoptando IA" es obsesionarse con las herramientas y saltarse el sistema. Una herramienta sin proceso produce contenido más rápido que nadie lee.
No es solo una corazonada mía: McKinsey encontró que la mayoría de las organizaciones aún no ve impacto real de la IA generativa en sus resultados, y que lo que más mueve la aguja no es la herramienta, sino rediseñar el flujo de trabajo alrededor de ella.
Primero define qué problema específico quieres resolver. Después busca la herramienta. No al revés.



